Juraría que he aparcado una parte de mí bajo una piedra, y ha quedado por completo insensibilizada. Yo la llamaba problemas, aunque la mayoría de vosotros la conoceréis como corazón. Solía latir, lenta y ruidosamente los días de tormenta, para después acelerar el ritmo los días de nieve. Retumbaba por las paredes de lo más hondo de mi ser hasta calarme de un humo espeso que, si no me equivoco, era vida. Siempre se me revolucionaba, pero yo estoy más que segura que era simplemente para llamar la atención. Se daba aires de importante.
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