Eco en círculos.
Debo confesar que tu melodía se me había quedado pegada al corazón, como oscura niebla sin pies ni cabeza. Me parecías agridulce, casi tanto como los sueños, incansablemente mío y solo mío. Pero no eres para mí, no me cuadras. Olvidas rápido, no sabes pintar ni prometer sin que me dé miedo quererte. Por eso omito tus palabras, no vaya a ser que el eco se me quede grabado y tenga que relegar al olvido mi mente.
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