Me enamoraban sus palabras.
Nos quedamos mirándonos sin decir nada, sabiendo que no hacía falta, acercándonos el uno al otro sin necesidad de vocalizar un “lo siento, fui un idiota”, un “intenté guardarte rencor, pero fui incapaz”; sin la capacidad de vocalizar ese jodido te quiero que tan difícilmente nos salió tiempo atrás, y que no comprendimos que no era necesario decir. Porque sus ojos lo dicen todo, y yo simplemente me dedicaba a leerlos a todas horas, porque me enamoraban sus palabras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario