El eco de una ciudad eterna que se pinta de Enero, un cd demasiado desgastado cubría de escarcha otro domingo cualquiera, la espuma de las olas y aquel lugar le producían una melancolía que no se tapaba ni con pintalabios rojo. 'Nunca vuelvas a un lugar donde has sido feliz' le dijeron, 'No te enamores de un chico que toca la guitarra' le dijeron también, y allí estaba ella, con el corazón rasgado por la quinta cuerda de su guitarra, comparando el amor con la gasolina; caro, arde rápido, se gasta fácil y puede sustituirse por alcohol. Al final estar enamorada y estar borracha es más de lo mismo, sólo que la resaca de amor no se pasa tan rápido.
Puto amor, tanto daño, ya lo dijo Shakespeare que las heridas que no se ven son las más profundas, el amor no sangra y ella intentaba curarlo con promesas de una noche, camas vacías al amanecer y Rock'n'Roll en cada rincón de su cuerpo. 'He intentado olvidarte' dijo ella, ' Juro que lo he intentado' repitió, pero algo dentro de su corazón le decía que intentar olvidar a alguien como él era como intentar tocar el sol sin quemarse.
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