Se te caían los recuerdos entre tanta tristeza, mientras le preguntabas a la lluvia sobre el estado de tu corazón. Un ligero temblor sacudía tu labio inferior, y a cada vez que pestañeabas, el mundo se paraba por un momento. Todavía te recuerdo contando truenos, deseando que la lluvia no perdiera su fuerza (aquélla que te mantenía viva) y esperando al amanecer, impaciente, sin moverte ni un pelo. Desafiabas la gravedad con tu mirada clavada en el vacío de la oscuridad mientras el vértigo se apoderaba del resto de tu cuerpo. Y me quedé sin habla. Me quedé sin habla cuando vi cómo te derrumbabas y te quedabas dormida en menos de un... (segundo)
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