El sueño hacía que mi alma se despegara del cuerpo, precipitándose contra el vacío. El frío me acariciaba lo más hondo del corazón, hasta tal punto que confudía tus ojos con cristal. Los recuerdos no llegaban, se habían vuelto a quedar dormidos. Te esperaba en el comienzo del invierno, más o menos cuando miras hacia cielo negro y empiezan a encenderse las estrellas. Las primeras gotas de lluvia llamaban a mi ventana, pero solo era un desafío del verano, que ya me la tiene jurada. Aún así, el sentimiento de poder volar ni las pesadillas me lo arrebatarán.
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