Curiosos.
miércoles, 25 de enero de 2012
No es nuestro último viaje, promételo.
Permíteme sentirme como una completa analfabeta que no sabe leer tus labios callados. Permíteme que continúe pensando en ti y que se me pasen largas las horas tratando de recordar las palabras que empleaste la última vez que nos vimos. Permíteme confesarte que leo tu horóscopo cada día en el periódico y lo comparo con el mío. Él corazón se me desboca cuando nos citamos y te veo aparecer con una sonrisa de oreja a oreja y me callas con un beso. Permíteme que tenga miedo, que me horrorice la idea estar perdiéndote lentamente, como un tren que te deja plantado en el andén. Espero haberte cogido a tiempo, espero que este billete nos lleve en el mismo viaje, en el mismo asiento, al mismo lugar.
lunes, 23 de enero de 2012
Mataré al tiempo y a la distancia por todo lo que se llevaron.
El eco de una ciudad eterna que se pinta de Enero, un cd demasiado desgastado cubría de escarcha otro domingo cualquiera, la espuma de las olas y aquel lugar le producían una melancolía que no se tapaba ni con pintalabios rojo. 'Nunca vuelvas a un lugar donde has sido feliz' le dijeron, 'No te enamores de un chico que toca la guitarra' le dijeron también, y allí estaba ella, con el corazón rasgado por la quinta cuerda de su guitarra, comparando el amor con la gasolina; caro, arde rápido, se gasta fácil y puede sustituirse por alcohol. Al final estar enamorada y estar borracha es más de lo mismo, sólo que la resaca de amor no se pasa tan rápido.
Puto amor, tanto daño, ya lo dijo Shakespeare que las heridas que no se ven son las más profundas, el amor no sangra y ella intentaba curarlo con promesas de una noche, camas vacías al amanecer y Rock'n'Roll en cada rincón de su cuerpo. 'He intentado olvidarte' dijo ella, ' Juro que lo he intentado' repitió, pero algo dentro de su corazón le decía que intentar olvidar a alguien como él era como intentar tocar el sol sin quemarse.
Puto amor, tanto daño, ya lo dijo Shakespeare que las heridas que no se ven son las más profundas, el amor no sangra y ella intentaba curarlo con promesas de una noche, camas vacías al amanecer y Rock'n'Roll en cada rincón de su cuerpo. 'He intentado olvidarte' dijo ella, ' Juro que lo he intentado' repitió, pero algo dentro de su corazón le decía que intentar olvidar a alguien como él era como intentar tocar el sol sin quemarse.
sábado, 14 de enero de 2012
El verano causa estragos en mí
Las estrellas de papel surcaban el cielo marino en busca de algún que otro avión con el que jugar mientras las constelaciones se alineaban para dar paso a otra noche más, una entre las innumerables noches que todavía quedaban por delante. Un pajarito, embriagado de calor y un par de sentimientos de más, me contó que además de imaginar mil maneras para poder echar el tiempo atrás, dibujaban tu nombre con sus polvos mágicos, recordándote a cada instante. (que casualidad, hacen lo mismo que yo)
Me he dejado atrás.
El vacío me engulle. Como tus miradas, como los eternos días sin lluvia. Como cuando solamente podía pensar en ti, como cuando cruzaba el puente en medio de la tormenta con un paraguas como escudo únicamente para verte. Como cuando me calaba los huesos aposta para poder sentir algo, aunque fuera el frío que devoraba mi alma lenta y dolorosamente, como cuando sonreía al escuchar una canción de amor. Como los paseos interminables a la luz de las estrellas, como la brisa y el sonido del mar inundando mis oídos...
Supongo que nunca lo sabré.
Hay dos cosas que nunca te dije. La primera es que adoraba la manera en la que me mirabas todas las mañanas, todos los días, incluso podía notar el reflejo de las estrellas en tu mirada, hundiéndose en lo más profundo de mi corazón. La segunda es que odié con todas mis fuerzas como te fijaste en ella, como la tratabas de esa manera tan arrogantemente típica de ti, por mucho que no la miraras de la misma forma que a mí. Y sobre todo, odié la forma en que me hacías quererte con toda mi alma. (o quizás eso fue lo que más me gustó de ti)
Travieso, travieso.
Juraría que he aparcado una parte de mí bajo una piedra, y ha quedado por completo insensibilizada. Yo la llamaba problemas, aunque la mayoría de vosotros la conoceréis como corazón. Solía latir, lenta y ruidosamente los días de tormenta, para después acelerar el ritmo los días de nieve. Retumbaba por las paredes de lo más hondo de mi ser hasta calarme de un humo espeso que, si no me equivoco, era vida. Siempre se me revolucionaba, pero yo estoy más que segura que era simplemente para llamar la atención. Se daba aires de importante.
Night.
Como ella siempre decía, las coincidencias estaban siempre demasiado planificadas. Y con eso también se refería a las mentiras que escondía bajo su piel, ésas que iban revelándose poco a poco hasta resultar insoportables. Por eso se escondía las noches de luna llena, porque sus remordimientos salían a la luz y carcomían su cabeza, a la vez que las estrellas se reían de ella. Cerraba los ojos fuertemente, apretaba los puños y después dejaba que su alma la abandonara, olvidándose de volver. Y era entonces cuando confundía el día con la noche.
En menos de un...
Se te caían los recuerdos entre tanta tristeza, mientras le preguntabas a la lluvia sobre el estado de tu corazón. Un ligero temblor sacudía tu labio inferior, y a cada vez que pestañeabas, el mundo se paraba por un momento. Todavía te recuerdo contando truenos, deseando que la lluvia no perdiera su fuerza (aquélla que te mantenía viva) y esperando al amanecer, impaciente, sin moverte ni un pelo. Desafiabas la gravedad con tu mirada clavada en el vacío de la oscuridad mientras el vértigo se apoderaba del resto de tu cuerpo. Y me quedé sin habla. Me quedé sin habla cuando vi cómo te derrumbabas y te quedabas dormida en menos de un... (segundo)
Otra forma de echarte de menos.
El sueño hacía que mi alma se despegara del cuerpo, precipitándose contra el vacío. El frío me acariciaba lo más hondo del corazón, hasta tal punto que confudía tus ojos con cristal. Los recuerdos no llegaban, se habían vuelto a quedar dormidos. Te esperaba en el comienzo del invierno, más o menos cuando miras hacia cielo negro y empiezan a encenderse las estrellas. Las primeras gotas de lluvia llamaban a mi ventana, pero solo era un desafío del verano, que ya me la tiene jurada. Aún así, el sentimiento de poder volar ni las pesadillas me lo arrebatarán.
Perdido, en pasado.
Dices tonterías y más tonterías los días en los que te pesa el alma, pero nunca le di importancia, nunca pensé que llegarías a intentar romperme. Me pilló desprevenida, y algo despistada, así que todavía no encuentro palabras para definir el daño que me hiciste. No recuerdo a la perfección cuándo empezamos a cambiar, pero sí he echado de menos cada uno de los momentos que dejamos atrás. Cada uno de los instantes que creaban mi todo, haciendo que olvidara la posibilidad de soñar más allá. Segundos atrás queríamos pretender que todo estaba bien, pero la verdad es que se nos fue de las manos.
(Suspiro)
Tus ojos siempre me embrujaban y me recordaban a las interminables noches de verano, ésas que se meten por los huecos de mis huesos y me hacen cosquillas en el corazón. Ahora los recuerdos se balancean en mi organismo y hacen de las suyas, por mucho que yo insista en arrinconarlos y dejarlos allí plantados. La esencia de tu melodía va matando mis horas, va enredando mis palabras, que van perdiendo tanto su sentido como su norte. Me río de los para siempre, me río hasta de las estrellas.
(Creo que me engañaron y ahora se esconden de mí)
Disimuladamente.
Cuento el tiempo que tardas en pestañear mientras el viento te revuelve el pelo. Noto cómo la tormenta se va acercando, sigilosamente rellenando los huecos de mi alma a base de escalofríos. Escucho claramente en mi cabeza todas aquellas palabras que dejé sin decir, ésas que nunca sabrás, ésas que se perdieron en algún lugar de mi corazón. Un asomo de arrepentimiento se cruza por mi camino, pero no son más que ilusiones. Me vuelvo a perder en mis pensamientos, me dejo caer en mí misma.
(Hay veces que se me olvida que no puedo sentir)
(Hay veces que se me olvida que no puedo sentir)
Sin fecha de caducidad.
Me anticipo a tus suspiros, te respiro bien hondo. Los días se hacen más cortos parada en mis sueños a medio camino, recitándole al invierno. Últimamente desperdiciamos demasiadas palabras, demasiados sentidos. Y me tiembla el frío muy dentro, se me escapa de las manos cuando me doy la vuelta. Sabes que se me va ablandando el corazón con el paso del tiempo, que se me derriten los pensamientos. Memorizo tus diferencias, de las que no cambian por mucho que lo intentes. De las que no caducan con las hojas.
Silenciándome
El silencio hacía parpadear las estrellas mientras el invierno se me acomodaba entre pulmón y pulmón. Respiro. Otra calada de polvos mágicos directa a las venas, más segundos a la luz de la luna. Miro hacia arriba. El cielo se burla de mí, se mueve rápido, intentando despistarme o tal vez incluso hacerme olvidar. El viento me enreda las pestañas, las esperanzas, y saca de mi interior algo que pensaba que ya no me daba miedo.
Estragos en mi nivel de azúcar.
Si es que al parecer no se me quitan las ganas de ti, las ganas de echar abajo los amaneceres, olvidar el chocolate que causa estragos en mi nivel de azúcar. No puedo dejar la Coca-Cola, ni reemplazar tus miradas por sueños a medio camino. Las estrellas ya no me cuentan nada, se han aburrido de mí y de mi obsesión por la lluvia. No entienden que no es fácil dejarme atrás, no es fácil esconder los recuerdos (incluyéndote con dichas palabras) en el rincón que hace tiempo que se les había asignado. Al fin y al cabo, me pregunto si este frío me seguirá oprimiendo el corazón o simplemente es tu manera de vengarte por haberme hecho la valiente. (mañana dicen que lloverá... ¿lloverás tú conmigo?)
Desviaciones mentales
Se me desvían los pensamientos cuando reina el silencio, y me calas más hondo que el frío. Confundo el norte, el sur e incluso un poco las estrellas, mareándome en la rutina donde siempre salgo perdiendo, donde hasta mis sentimientos se pierden. El corazón ya no me sigue, me equivoqué tantas veces que ya no me cree, ni se molesta en reponer los golpes, dio por perdido hacerme entrar en razón. Y el eco me retumba en los oídos, me voy haciendo mayor, tú también, y ya todo ha cambiado. (Ya todo ha perdido la coherencia que antes le daba sentido)
Empieza por 'des'
Si fuera una estrella te seguiría hasta el infinito, pero temo por la anomalía gravimétrica que impulsa mi corazón hacia el vacío sin tener un mínimo de cuidado. Las noches me dan las tantas y aún así no hay manera de despegar el frío de mi sístole, creando descompensaciones respecto a mi diástole. Déjalo, te digo convencida de todo desastre por venir, que la alergia a tu ausencia me está consumiendo más de lo que pensaba. No lo vuelvas a hacer. (Sí, me refiero a eso de desbaratar mis planes como si de lluvia se tratara, no vaya a ser que te desquiera un día de estos)
Sentimentalismos
Diciembre siempre consigue destrozarme. No me rompas tú más, ya sabes, ignórame, porque tengo miedo de que si tú. Y no puedo soportar más caídas, más te echo de menos que no quieres escuchar, más lágrimas escondidas bajo el reflejo de las estrellas, más botellas llenas de tristeza para coleccionar ni más resquiebros de voz para rotas melodías que nunca van a sonar. Porque siento que se me inunda el corazón y que muero cada día que eres, además de que...¿Quién soy yo sino lo que tú me haces sentir? (A veces dura, otras veces duele.)
Eco en círculos.
Debo confesar que tu melodía se me había quedado pegada al corazón, como oscura niebla sin pies ni cabeza. Me parecías agridulce, casi tanto como los sueños, incansablemente mío y solo mío. Pero no eres para mí, no me cuadras. Olvidas rápido, no sabes pintar ni prometer sin que me dé miedo quererte. Por eso omito tus palabras, no vaya a ser que el eco se me quede grabado y tenga que relegar al olvido mi mente.
Huele a libertad.
Huele a madera vieja, a esperanzas, a estrellas con deseos asignados y a viento proveniente del sur. Huele a restos de ceniza con una pizca de melancolía, a lluvia inundando mi pasado, a más de una melodía perdida por el camino. Huele a nuevas oportunidades acompañadas con nuevas decepciones, pero sobre todo huele a libertad. Libertad a tender a ser quien quiera ser o a dejarme olvidada en algún cajón vacío de mi habitación. Lo que yo quiera, como yo quiera. Además, siempre me gustaron los comienzos de año con algo de invierno entre los pulmones y magia en las venas.
Sonrisas a domicilio.
He escuchado que la tristeza inspira a los corazones, que las ganas mueven a los soñadores, pero nunca había escuchado nada sobre las sonrisas a domicilio hasta que te conocí. Aún con sinfonías melancólicas de banda sonora, se te iluminaba el alma a conjunto con tu sonrisa cada vez que veías que algo iba mal, sin esperar nada a cambio, sin necesidad alguna, cuando más lo necesitaba y menos lo esperaba. Y encima tu sonrisa se me contagiaba tan fácilmente que no había quien me la quitara de encima después. (todavía impregna cada uno de mis días, como si su esencia no se esfumara nunca)
Mentiras que quitan el miedo.
Y las mentiras se amplifican en tu mirada, como si yo fuera la única que no puede tener la razón. La rutina comienza a engullirme y las lágrimas me ahogan lentamente. Me caigo en lo más hondo del invierno, digo que no eres la razón pero las cicatrices de mi corazón me delatan.Y mis pulmones ya están cansados de pretender, de callar el daño que procuras hacerme con cada una de tus palabras. El silencio me hiela los sentimientos, lo que queda de mí. Suelto los nervios por la boca sin pensarlo, dejo solo la sombra de lo que fui y no volveré a ser. Ya no tengo miedo de odiarte, de que mi corazón esté completamente roto, ni de que te marches y me dejes sola.
Meteorología profesional.
Descubrí goteras en mi corazón cuando pensaba que la lluvia era mi alma gemela y se quedó en la nada hasta que de las palabras solo quedaron metáforas. Ahora resucito la ciudad, las nubes de tormenta, la tristeza a sorbos para ver qué me dejan. Pero te conviertes en mi meteorología a medida que pierdo más fines de semana entre suspiros y falta de sueño, y me da miedo que llueva, no vaya a ser que me vuelva a dar un vuelco el corazón y te instales en alguno de sus recovecos.
(que ya sé que te los has aprendido de memoria)
(que ya sé que te los has aprendido de memoria)
jueves, 12 de enero de 2012
Te apretaría fuerte para que no te pudieras mover, no te soltaría en ningún momento, disfrutaría de tu dulzura a todas horas.
Con miedo a que te quisieras ir, a que no fuera entre mis manos donde querrías estar.
Te dejaría ir, no habría opción; me quedaría rota en mi(nuestro) escondite, mirando cómo te alejas de mí, esperando pacientemente a que en algún momento te des la vuelta, vengas corriendo hacia mí y me digas entre lágrimas "no puedo estar sin ti". Esperaría incluso cuando mi vista no alcanzara tus pasos.
Y cuando el tiempo me enseñe que no vas a volver, me tumbaré a pensar que me echas de menos y que, aunque no lo vayas a hacer nunca (tal vez por miedo), quieres volver.
Guardaré cada uno de tus recuerdos como tesoros, recordaré cada momento y cada palabra. Sentiré tu calor en las noches frías, me empaparé del eco que quede de tu voz, me cantaré cada palabra que me susurraste al oído.
Guardaré esa parte de ti que habré sido capaz de robarte.
Con miedo a que te quisieras ir, a que no fuera entre mis manos donde querrías estar.
Te dejaría ir, no habría opción; me quedaría rota en mi(nuestro) escondite, mirando cómo te alejas de mí, esperando pacientemente a que en algún momento te des la vuelta, vengas corriendo hacia mí y me digas entre lágrimas "no puedo estar sin ti". Esperaría incluso cuando mi vista no alcanzara tus pasos.
Y cuando el tiempo me enseñe que no vas a volver, me tumbaré a pensar que me echas de menos y que, aunque no lo vayas a hacer nunca (tal vez por miedo), quieres volver.
Guardaré cada uno de tus recuerdos como tesoros, recordaré cada momento y cada palabra. Sentiré tu calor en las noches frías, me empaparé del eco que quede de tu voz, me cantaré cada palabra que me susurraste al oído.
Guardaré esa parte de ti que habré sido capaz de robarte.
Me enamoraban sus palabras.
Nos quedamos mirándonos sin decir nada, sabiendo que no hacía falta, acercándonos el uno al otro sin necesidad de vocalizar un “lo siento, fui un idiota”, un “intenté guardarte rencor, pero fui incapaz”; sin la capacidad de vocalizar ese jodido te quiero que tan difícilmente nos salió tiempo atrás, y que no comprendimos que no era necesario decir. Porque sus ojos lo dicen todo, y yo simplemente me dedicaba a leerlos a todas horas, porque me enamoraban sus palabras.
Tuve ganas.
Aun sabiendo que no debía, aun sabiendo que corría peligro, volví a pensar en ti. Me volvió a envolver en felicidad aquel aire expulsado por la risa, mientras mi mirada perdida se sostenía en un recuerdo que, más que por lo vivido en sí, sigue conmigo por lo feliz que llegué a ser.
Te busqué, pero no fui capaz de encontrarte. Tardé demasiado en darme cuenta de que no buscaba de nuevo tus manos, tus brazos, tus labios, tus ojos ni tus accidentes. Estaba buscando de nuevo lo que tus caricias provocaron en mi piel, la calma que te dieron tus abrazos, la seguridad que me dieron tus besos, el amor que me dieron tus ojos, y las ganas de romper cada hueso de tu cuerpo...
Me diste, sin duda, ganas de vivir.
Te busqué, pero no fui capaz de encontrarte. Tardé demasiado en darme cuenta de que no buscaba de nuevo tus manos, tus brazos, tus labios, tus ojos ni tus accidentes. Estaba buscando de nuevo lo que tus caricias provocaron en mi piel, la calma que te dieron tus abrazos, la seguridad que me dieron tus besos, el amor que me dieron tus ojos, y las ganas de romper cada hueso de tu cuerpo...
Me diste, sin duda, ganas de vivir.
Remind.
No busqué razones. No comparé pros y contras y no pensé en las consecuencias.Tal vez por eso el resultado fue un desastre y, además, bastante doloroso. Pero de no haber saltado, de no haberme sumergido en aquel mar, me habría perdido todo aquello que ahora, no sé muy bien por qué, me rescata las lágrimas que quieren salir.
Quiéreme siempre.
Creo que cualquier cosa me hubiese hecho feliz, un mensaje, una nota, una llamada... Algo que estuve esperando durante mucho tiempo y nunca llegó. Esperé y esperé. Sobre nieve, sobre arena, con lluvia, con un sol infernal; pero nunca llegaste, o nunca te atreviste a llegar. Y ahora me veo, aquí, con un vaso de whisky en la mano, como una estúpida, por creer en el amor, por creer en ti.
-¿Me haces un favor?
-Claro.
-Quiéreme siempre.
-¿Me haces un favor?
-Claro.
-Quiéreme siempre.
Las películas son sueños.
Nunca nos hemos parado a pensar en el daño que han hecho todas las películas a la vida, desde las historias más románticas hasta las historias más trágicas. Supongo que no seré el único que cada noche espera una improvisada llamada, un bonito mensaje, un simple ''Déjalo todo y ven conmigo''; que en cada fiesta se imagina que esa será la noche; que cada vez que camina por la Universidad espera chocarse a la vuelta de la esquina con el amor de su vida, el cual se disculpará, recogerá los papeles, me mirará a los ojos y me besará apasionadamente. Por ello, son muy pocas películas las que están basadas en hechos reales, la mayoría, por desgracia, no cuentan historias, sino sueños.
Esa sonrisa.
''Sería bonito decir que nuestras miradas se encontraron y que yo me acerqué lentamente. Sería bonito decir que sonreí y que le hablé de cosas agradables en pareados cuidadosamente medidos, como el Príncipe Azul de algún cuento de hadas".
Por desgracia, la vida casi nunca tiene un guión tan meticuloso. La verdad es que me quedé allí plantado. Entonces me sonrió. Era una sonrisa dulce, cariñosa y tímida, como una flor que se abre. Era cordial, sincera y ligeramente turbada. Cuando me sonrió sentí...
No se me ocurre cómo describirlo, de verdad. Sería mas fácil mentir. Podría copiar algunas frases de cualquier historia y contaros una mentira tan familiar que no dudaríais en tragárosla. Podría decir que se me doblaron las rodillas. Que me costaba respirar. Pero eso no sería verdad. Mi corazón no latió más deprisa, ni se paró, ni alteró su ritmo. Eso es lo que nos cuentan en las historias. Tonterías. Hipérboles. Chorradas. Y aún así... Salid a pasear un día de principios de invierno, después del primer frío de la temporada. Buscad una charca con una fina película como el cristal. Cerca de la orilla, el hielo aguantará vuestro peso. Deslizaos un poco por él. Más allá. Al final encontraréis el sitio donde la superficie soporta vuestro peso de milagro. Entonces sentiréis lo que sentí yo. El hielo se rompe bajo vuestros pies. Mirad hacia abajo y veréis las blancas grietas recorriendo el hielo como alocadas, complicadas telarañas. No se oye nada, pero notáis la vibración a través de la plantas de los pies. Eso fue lo que pasó cuando me sonrió. No quiero decir que me sintiera como si me encontrase sobre una fina capa de hielo a punto de ceder. No. Me sentí como el hielo mismo. resquebrajado de pronto, con grietas extendiéndose a partir del sitio donde me había tocado, en el pecho. La única razón por la que me sostenía era porque el millar de piezas que me componían se apoyaban unas en otras. Temía derrumbarme si me movía.
Por desgracia, la vida casi nunca tiene un guión tan meticuloso. La verdad es que me quedé allí plantado. Entonces me sonrió. Era una sonrisa dulce, cariñosa y tímida, como una flor que se abre. Era cordial, sincera y ligeramente turbada. Cuando me sonrió sentí...
No se me ocurre cómo describirlo, de verdad. Sería mas fácil mentir. Podría copiar algunas frases de cualquier historia y contaros una mentira tan familiar que no dudaríais en tragárosla. Podría decir que se me doblaron las rodillas. Que me costaba respirar. Pero eso no sería verdad. Mi corazón no latió más deprisa, ni se paró, ni alteró su ritmo. Eso es lo que nos cuentan en las historias. Tonterías. Hipérboles. Chorradas. Y aún así... Salid a pasear un día de principios de invierno, después del primer frío de la temporada. Buscad una charca con una fina película como el cristal. Cerca de la orilla, el hielo aguantará vuestro peso. Deslizaos un poco por él. Más allá. Al final encontraréis el sitio donde la superficie soporta vuestro peso de milagro. Entonces sentiréis lo que sentí yo. El hielo se rompe bajo vuestros pies. Mirad hacia abajo y veréis las blancas grietas recorriendo el hielo como alocadas, complicadas telarañas. No se oye nada, pero notáis la vibración a través de la plantas de los pies. Eso fue lo que pasó cuando me sonrió. No quiero decir que me sintiera como si me encontrase sobre una fina capa de hielo a punto de ceder. No. Me sentí como el hielo mismo. resquebrajado de pronto, con grietas extendiéndose a partir del sitio donde me había tocado, en el pecho. La única razón por la que me sostenía era porque el millar de piezas que me componían se apoyaban unas en otras. Temía derrumbarme si me movía.
Estoy a un sólo beso de tirarlo todo por la borda.
Y aqui estas tu, tal y como se creó el agua para reflejar de forma incompleta la perfección de las estrellas aqui en la tierra. Puedo ser esta noche tu mas fuerte aliada. Puedo ser esta noche quien ahogue tus penas, el cigarro con el que te consumes, o la luz que te ciega. Estoy a un sólo beso de tirarlo todo por la borda.
domingo, 8 de enero de 2012
-¿Puedes hacerme un favor?
Ahora que estamos así, tumbados bajo la misma sábana. Abrázame. Pero abrázame fuerte, como si no quisieras dejarme escapar, como si quisieras pasarme toda la vida que hay en ti. Y quédate así un buen rato, hasta que suspire porque me de cuenta de que en realidad todo esto es jodidamente efímero, y me enfade conmigo misma por no saber aprovechar el momento, el instante en el que lo único que te importa es mi sonrisa, y esos ojos achinados que se me ponen como quien no quiere la cosa. Para que, después, me acaricies el pelo, me llames tonta y beses las lágrimas que sin querer se escaparon de mis ojos para descender por las mejillas. Y me recuerdes, que lo que importa es que ahora, estás aquí, a 1cm de mis labios y que la noche nunca fue tan larga.
viernes, 6 de enero de 2012
A, de amor.
No solo me gusta cuando llego a casa y huelo a ti.Cuando te pasas el día diciéndome tonterías o cuando me despeinas y me dices que sigo estando igual de guapa. Me gusta cuando te me quedas mirando como un tonto. Me encanta la manera en la que me haces sonreír, incluso cuando menos ganas tengo. Me gusta todo. Pero sobre todo me gusta y me asombra la manera en la que me sonríes y haces que desaparezca la multitud, o cuando me das ese abrazo en el preciso momento, en ese instante en el que siento que sólo existimos tú y yo.
miércoles, 4 de enero de 2012
Hasta el límite de los límites.
De pensar en el momento, de olvidarme de lo que viene después. El vicio de gesticular mucho cuando hablo y el de confiar a la mínima. El de decir lo que pienso sin reparo alguno. El vicio de no parar hasta caerme, o hasta que consigan pararme. El de cantar en la ducha la canción más penosa del mundo, o el de arriesgar al máximo con los bordillos de las aceras. El de querer a alguien hasta el límite de los límites.
Y esa eres tú.
Esta eres tú, los ojos cerrados, bajo la lluvia. Nunca imaginaste que harías algo así, nunca te habías visto como… no sé como describirlo, como una de esas personas a las que le gusta la luna o que pasan horas contemplando el mar o una puesta de sol. Seguro que sabes de qué gente estoy hablando… o tal vez no. Da igual, a ti te gusta estar así, desafiando al frío, sintiendo como el agua empapa tu camiseta y te moja la piel, y notar como la tierra se vuelve mullida bajo tus pies y el olor, y el sonido de la lluvia al golpear las hojas. Todas esas cosas que dicen los libros que no has leido. Esta eres tú, quién lo iba a decir… tú.
Puede pasar de todo, ¿verdad? Cualquier cosa.
Puedes amar tanto a una persona que tan solo el miedo a perderla haga que lo jodas todo y acabes perdiéndola.
Puedes despertarte al lado de alguien a quien hace unas horas ni siquiera habías imaginado conocer y mírate ahora.
Es como si alguien te regalara uno de esos puzles con piezas de un cuadro de Madrid, de la foto de unos ponys o de las cataratas del Niágara; y se supone que ha de encajar, pero no.
Puedes despertarte al lado de alguien a quien hace unas horas ni siquiera habías imaginado conocer y mírate ahora.
Es como si alguien te regalara uno de esos puzles con piezas de un cuadro de Madrid, de la foto de unos ponys o de las cataratas del Niágara; y se supone que ha de encajar, pero no.
Cosas que nunca te dije.
Qué difícil. Pero me parece que aún es más difícil quedármelo para mí sola. Supongo que por eso lo hago. Tú siempre me preguntabas en qué momento había empezado a quererte. Empecé a quererte exactamente cuando me llamaste para decir que me dejabas. De hecho fue en ese preciso momento cuando olvidé el amor que sentía antes, me olvidé de la ternura y del sexo, de tu lengua, me di cuenta de que lo que había sentido antes no era más que el simple reflejo de lo que era el amor. Descubrí que no te había querido nunca. De repente pensé en aquella torturaba que practicaban en Francia. ¿Sabes qué hacían? Ataban las extremidades de una persona a cuatro caballos y los azuzaban en direcciones diferentes. Pues así es cómo me sentí. Así es cómo me siento. Ahora ya sé lo que es amar. Te amo con esa clase de amor que había rezado por sentir cuando era una adolescente y que ahora rezo por no volver a sentir nunca más.
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