Curiosos.

martes, 26 de junio de 2012

Nuestra noria no deja de dar vueltas

Nuestra noria no deja de dar vueltas, pero a veces es necesaria una pausa. Llegados a estas alturas, es necesaria una sonrisa. Que lo rompa todo, que lo eclipse todo, que acabe con todo y comience de nuevo. Últimamente he visto falsedad en tus labios -en la mueca que dibujan cuando quieren sonreír-, falsedad que nunca había visto en parte alguna de tu cuerpo. Y sé que no debería preocuparme, sé de buena mano a qué es debida esa ficción, sé que el mundo está como está y que a ti, que acabas de terminar tus estudios y que aún te queda una vida por delante, no te viene nada bien. Sé que toda la política que llena tus conversaciones con los demás es lo que te hace estar tan ausente, tan lejos, tan perdido. No es nada malo alejarse, olvidar, perderse...
...pero a veces, llegados a estas alturas, es necesario un reencuentro. Conmigo, con esto, con lo que solíamos ser. Déjame susurrar a tu piel palabras de amor, déjame prometer a tus manos la eternidad, déjame ser parte de ti otra vez, déjame ser tú. Abrázame con fuerza, prometo intentar llenarte de coraje y esperanza. Y si no lo consigo, no dejaré de intentarlo, de todas las maneras posibles, hasta verte abrir los ojos otra vez, abandonar el eterno cansancio que te turba últimamente y volver a ser tú.

Porque solo cuando consiga esa pausa, y en un efímero momento me regales una sonrisa, entonces, solo entonces, existirá un reencuentro.

jueves, 5 de abril de 2012

Creo en imposibles

A la primera persona que no crea en imposibles. O a cualquiera de ellas.
El universo más grande es aquel que uno conoce: el propio. Y éste se va formando a partir del nacimiento de pequeñas y nuevas estrellas, que a su debido tiempo van formando galaxias y sistemas. Sin duda, no faltan agujeros negros, pero basta un poco de astucia para poder esquivar a la mayoría. Es mejor dejarlos ahí, absorbiendo todo lo que se deja ser absorbido, sin preocuparse demasiado por ellos. Aún recuerdo cuánto me costó describir cada estrella la primera vez que me propuse vomitar mi universo… 
Pero lo más maravilloso de todo, lo que todavía no puedo creer cierto, es que, realmente, sacarlo todo hacia fuera me haya sido útil. Sí, yo creía que todo eran mentiras, metáforas que utilizaban los poetas y profesores de literatura para animar a que la gente escribiera, pero no. Es todo cierto, cada palabra bien posicionada es una batalla más vencida. Y así, con la suma de pequeñas batallas, es como se termina ganando una guerra. Durante tanto tiempo he jugado a ser una exploradora en mi propio mundo… Durante tanto tiempo me he perdido sin saber si iba a encontrarme… Los senderos más recónditos de mis tierras han sido desvirgados por las plantas de mis pies, recorridos con miedo por ésta cada día menos temerosa aventurera. Y un buen día se terminó el juego. Ya no hay más adivinanzas. Ni un jeroglífico más. He resuelto el misterio de mi vida, o tal vez ha sido él quien me ha resuelto a mí. He descubierto qué es en lo que creo: en imposibles. Porque mi universo ha estado construido, al fin y al cabo, de muchos de ellos.

A la primera persona que crea que lo bonito de la vida es hacer de un imposible una realidad. A esa, justo a esa, dirijo hoy un sincero aplauso.

Mis dedos en tu espalda

Mis dedos en tu espalda son náufragos que buscan tierra sin querer encontrarla realmente. Son labios suaves que susurran a tu piel historias de amor. Son caminantes en su mayor aventura, aventureros que disfrutan del camino. A veces callan, a veces cantan, a veces gritan. Son pétalos que buscan la esencia de tu lomo para hacerse con ella, palabras que recorren las páginas del libro del que una vez huyeron para volverse a imprimir sobre el papel. Mis dedos en tu espalda son músicos que afinan el más dulce instrumento nunca oído, o pinceles de acuarela que retienen e inmortalizan el más hermoso de los paisajes. Son las garras del gemido que anuncia el deseo. O la quietud propia del sueño. Son secretos que nunca han sido revelados, son misterios que pueden estremecerte y evidencias que te erizan el vello. Son mis nervios a la flor de tu piel. Son coplas nostálgicas que en silencio suenan mejor.


Tu espalda en mis dedos es la calma de septiembre, la tabla insumergible de aquel barco que naufragó. Es el aroma de la hierba mojada sobre la que intento esparcir rayos de sol, la serenidad madura que calma mi adrenalina adolescente. Es el silencio que tanto calla y tanto dice. Es el único papel en blanco sobre el que sé con certeza que siempre encontraré la inspiración.

viernes, 30 de marzo de 2012

Te dije para siempre.

Tú nunca me creíste. Preferiste pensar que aún era una cría y no era consciente de las palabras que manaban de mis labios. Preferiste lavarte las manos y despreocuparte del futuro. Sabías perfectamente que todo iba a acabarse algún que otro día. Sabías que no podía durar algo tan bonito.
Dijiste que había demasiadas cosas que condicionaban nuestra relación. Dijiste que yo merecía alguien mucho mejor, un chico joven, como yo, un chico que realmente valiera la pena. No me escuchaste cuando te dije que tú eras todo lo que yo quería. Preferiste dejar que el tiempo me alejara de ti, preferiste creer que iba a ser más feliz sin ti, que mis padres estarían más tranquilos, que volvería a tener un futuro por delante, un camino por recorrer.


Puedo haber estado con miles de chicos mejores que tú y, aún así, nunca haber vuelto a sentir lo mismo. Por ninguno de ellos he pasado horas encerrada en mi habitación, leyendo y releyendo correos y mensajes de texto, tratando de embotellar la esperanza de volver a ver tu sonrisa algún día. Puedo haber besado miles de labios más jóvenes y vivos que los tuyos, puedo haber abrazado miles de torsos más fuertes que el tuyo, pero eso no significa que te haya dejado atrás. Una resta de veinte años y unos padres preocupados no son suficientes para separarme de ti. Ni veinte, ni treinta, ni cien.

Si de verdad amas a alguien, déjalo ir. Si vuelve, siempre te perteneció. Si no vuelve, nunca lo hizo.

Tú volviste. Y sé que lo hiciste porque tampoco podías soportarlo más. No te marchaste por gusto. Nadie me ha hecho más feliz que tú, y sé que nadie te ha hecho más feliz que yo. No creo en el destino. Aún así, sé que hay personas predestinadas a estar juntas. Tan paradójico como real.
Tú fuiste el primero, tal vez no el único, pero sé que serás el último. Tu serenidad lo dice. Mi inmadurez lo afirma.Tumbado en la hierba del parque, miraste a las nubes, después a mis ojos, y susurraste algo.

 Para siempre.

Esta vez, yo sí voy a creerte.

lunes, 13 de febrero de 2012

La chica de la voz perdida, mas bien dicho la chica marioneta.

"Esta noche como las anteriores puedo sentir el frio de mis manos, las lágrimas secas de mis mejillas y los pasos olvidados. Nadie dijo que fuera fácil. Pude contener nuevamente mis lágrimas y cerrar mis ojos con mucha fuerza para no volver a llorar, pero a veces es difícil mirar el pasado y no sentir nada, no puedo. No utilices el pasado como un pretexto. Es el pasado el que no me deja en paz, es como encender una vela y reconocer que esa pequeña llama jamás se va a apagar. Alzo mi vista hacia el cielo y siento que el cielo ya no es el mismo, me pesa observarlo. Puede que esta noche sea como las anteriores. Todo va a continuar, las heridas podrán convertirse en un copo de nieve, en la melodía perdida, en la sinfonía de la chica marioneta.
Cierro mis ojos por un momento y siento como la noche va aproximándose, el frio comienza a sentirse cada vez más, siento como sus ojos comienzan a nacer nuevamente y siento sólo un segundo como es sentirse viva.
Pronuncia mi nombre así podré saber que estás aquí de regreso.

sábado, 4 de febrero de 2012

Casualidades

Solo tenías que observar su rostro para saber como se sentía, la felicidad corría por sus venas esa noche. Sólo una persona podría destruir la sonrisa que deslumbraba su cara, solo él. Él podía hundirla en la peor de sus pesadillas, o podía hacer que se sintiera a infinitos metros sobre el cielo(tampoco importaba mucho, la posibilidad de toparse con él era de una entre un millón). Pero al destino le gusta jugar, y las casualidades están a la vuelta de la esquina, donde también estaba él. Quien iba a decir que esa noche se lo encontraría; su sonrisa se paralizó, no sabía como reaccionar después de tanto tiempo. Inquietante el momento en que se acercó, la saludó y le dijo que había vuelto para quedarse, y que no quería volver a alejarse. (Sentirse a infinitos metros sobre el cielo para ella esa noche era poco, jamás se había sentido tan feliz)

Por si acaso.

Que, digan lo que digan, las palabras siguen retumbando en mi cabeza, y de nada nos hacemos un mundo. Solo vamos a escuchar lo que queremos (suena como tu voz), y ver lo que queramos (te veo, me miras, pierdo el norte). Aún así, tengo pensamientos de repuesto escritos a boli en el reverso de la mano, solo por si acaso me dices algo o te acuerdas de mí aunque el tiempo nuble los recuerdos, los sentimientos y todo lo que esté en pasado. Ya sabes, para no quedarme en blanco y que no notes que sigo siendo exactamente igual que antes. (dímelo tú y demuéstrame que tú tampoco has cambiado)

miércoles, 25 de enero de 2012

No es nuestro último viaje, promételo.

Permíteme sentirme como una completa analfabeta que no sabe leer tus labios callados. Permíteme que continúe pensando en ti y que se me pasen largas las horas tratando de recordar las palabras que empleaste la última vez que nos vimos. Permíteme confesarte que leo tu horóscopo cada día en el periódico y lo comparo con el mío. Él corazón se me desboca cuando nos citamos y te veo aparecer con una sonrisa de oreja a oreja y me callas con un beso. Permíteme que tenga miedo, que me horrorice la idea estar perdiéndote lentamente, como un tren que te deja plantado en el andén. Espero haberte cogido a tiempo, espero que este billete nos lleve en el mismo viaje, en el mismo asiento, al mismo lugar.

lunes, 23 de enero de 2012

Mataré al tiempo y a la distancia por todo lo que se llevaron.

El eco de una ciudad eterna que se pinta de Enero, un cd demasiado desgastado cubría de escarcha otro domingo cualquiera, la espuma de las olas y aquel lugar le producían una melancolía que no se tapaba ni con pintalabios rojo. 'Nunca vuelvas a un lugar donde has sido feliz' le dijeron, 'No te enamores de un chico que toca la guitarra' le dijeron también, y allí estaba ella, con el corazón rasgado por la quinta cuerda de su guitarra, comparando el amor con la gasolina; caro, arde rápido, se gasta fácil y puede sustituirse por alcohol. Al final estar enamorada y estar borracha es más de lo mismo, sólo que la resaca de amor no se pasa tan rápido.
Puto amor, tanto daño, ya lo dijo Shakespeare que las heridas que no se ven son las más profundas, el amor no sangra y ella intentaba curarlo con promesas de una noche, camas vacías al amanecer y Rock'n'Roll en cada rincón de su cuerpo. 'He intentado olvidarte' dijo ella, ' Juro que lo he intentado' repitió, pero algo dentro de su corazón le decía que intentar olvidar a alguien como él era como intentar tocar el sol sin quemarse.

sábado, 14 de enero de 2012

El verano causa estragos en mí

Las estrellas de papel surcaban el cielo marino en busca de algún que otro avión con el que jugar mientras las constelaciones se alineaban para dar paso a otra noche más, una entre las innumerables noches que todavía quedaban por delante. Un pajarito, embriagado de calor y un par de sentimientos de más, me contó que además de imaginar mil maneras para poder echar el tiempo atrás, dibujaban tu nombre con sus polvos mágicos, recordándote a cada instante. (que casualidad, hacen lo mismo que yo)



Me he dejado atrás.

El vacío me engulle. Como tus miradas, como los eternos días sin lluvia. Como cuando solamente podía pensar en ti, como cuando cruzaba el puente en medio de la tormenta con un paraguas como escudo únicamente para verte. Como cuando me calaba los huesos aposta para poder sentir algo, aunque fuera el frío que devoraba mi alma lenta y dolorosamente, como cuando sonreía al escuchar una canción de amor. Como los paseos interminables a la luz de las estrellas, como la brisa y el sonido del mar inundando mis oídos...



Supongo que nunca lo sabré.

Hay dos cosas que nunca te dije. La primera es que adoraba la manera en la que me mirabas todas las mañanas, todos los días, incluso podía notar el reflejo de las estrellas en tu mirada, hundiéndose en lo más profundo de mi corazón. La segunda es que odié con todas mis fuerzas como te fijaste en ella, como la tratabas de esa manera tan arrogantemente típica de ti, por mucho que no la miraras de la misma forma que a mí. Y sobre todo, odié la forma en que me hacías quererte con toda mi alma. (o quizás eso fue lo que más me gustó de ti)

Travieso, travieso.

Juraría que he aparcado una parte de mí bajo una piedra, y ha quedado por completo insensibilizada. Yo la llamaba problemas, aunque la mayoría de vosotros la conoceréis como corazón. Solía latir, lenta y ruidosamente los días de tormenta, para después acelerar el ritmo los días de nieve. Retumbaba por las paredes de lo más hondo de mi ser hasta calarme de un humo espeso que, si no me equivoco, era vida. Siempre se me revolucionaba, pero yo estoy más que segura que era simplemente para llamar la atención. Se daba aires de importante.


Night.

Como ella siempre decía, las coincidencias estaban siempre demasiado planificadas. Y con eso también se refería a las mentiras que escondía bajo su piel, ésas que iban revelándose poco a poco hasta resultar insoportables. Por eso se escondía las noches de luna llena, porque sus remordimientos salían a la luz y carcomían su cabeza, a la vez que las estrellas se reían de ella. Cerraba los ojos fuertemente, apretaba los puños y después dejaba que su alma la abandonara, olvidándose de volver. Y era entonces cuando confundía el día con la noche.



En menos de un...

Se te caían los recuerdos entre tanta tristeza, mientras le preguntabas a la lluvia sobre el estado de tu corazón. Un ligero temblor sacudía tu labio inferior, y a cada vez que pestañeabas, el mundo se paraba por un momento. Todavía te recuerdo contando truenos, deseando que la lluvia no perdiera su fuerza (aquélla que te mantenía viva) y esperando al amanecer, impaciente, sin moverte ni un pelo. Desafiabas la gravedad con tu mirada clavada en el vacío de la oscuridad mientras el vértigo se apoderaba del resto de tu cuerpo. Y me quedé sin habla. Me quedé sin habla cuando vi cómo te derrumbabas y te quedabas dormida en menos de un... (segundo)

Otra forma de echarte de menos.

El sueño hacía que mi alma se despegara del cuerpo, precipitándose contra el vacío. El frío me acariciaba lo más hondo del corazón, hasta tal punto que confudía tus ojos con cristal. Los recuerdos no llegaban, se habían vuelto a quedar dormidos. Te esperaba en el comienzo del invierno, más o menos cuando miras hacia cielo negro y empiezan a encenderse las estrellas. Las primeras gotas de lluvia llamaban a mi ventana, pero solo era un desafío del verano, que ya me la tiene jurada. Aún así, el sentimiento de poder volar ni las pesadillas me lo arrebatarán.

Perdido, en pasado.

Dices tonterías y más tonterías los días en los que te pesa el alma, pero nunca le di importancia, nunca pensé que llegarías a intentar romperme. Me pilló desprevenida, y algo despistada, así que todavía no encuentro palabras para definir el daño que me hiciste. No recuerdo a la perfección cuándo empezamos a cambiar, pero sí he echado de menos cada uno de los momentos que dejamos atrás. Cada uno de los instantes que creaban mi todo, haciendo que olvidara la posibilidad de soñar más allá. Segundos atrás queríamos pretender que todo estaba bien, pero la verdad es que se nos fue de las manos.



(Suspiro)


Tus ojos siempre me embrujaban y me recordaban a las interminables noches de verano, ésas que se meten por los huecos de mis huesos y me hacen cosquillas en el corazón. Ahora los recuerdos se balancean en mi organismo y hacen de las suyas, por mucho que yo insista en arrinconarlos y dejarlos allí plantados. La esencia de tu melodía va matando mis horas, va enredando mis palabras, que van perdiendo tanto su sentido como su norte. Me río de los para siempre, me río hasta de las estrellas.

(Creo que me engañaron y ahora se esconden de mí)




Disimuladamente.

Cuento el tiempo que tardas en pestañear mientras el viento te revuelve el pelo. Noto cómo la tormenta se va acercando, sigilosamente rellenando los huecos de mi alma a base de escalofríos. Escucho claramente en mi cabeza todas aquellas palabras que dejé sin decir, ésas que nunca sabrás, ésas que se perdieron en algún lugar de mi corazón. Un asomo de arrepentimiento se cruza por mi camino, pero no son más que ilusiones. Me vuelvo a perder en mis pensamientos, me dejo caer en mí misma.
(Hay veces que se me olvida que no puedo sentir)

Sin fecha de caducidad.

Me anticipo a tus suspiros, te respiro bien hondo. Los días se hacen más cortos parada en mis sueños a medio camino, recitándole al invierno. Últimamente desperdiciamos demasiadas palabras, demasiados sentidos. Y me tiembla el frío muy dentro, se me escapa de las manos cuando me doy la vuelta. Sabes que se me va ablandando el corazón con el paso del tiempo, que se me derriten los pensamientos. Memorizo tus diferencias, de las que no cambian por mucho que lo intentes. De las que no caducan con las hojas.