Curiosos.

sábado, 14 de enero de 2012

Me he dejado atrás.

El vacío me engulle. Como tus miradas, como los eternos días sin lluvia. Como cuando solamente podía pensar en ti, como cuando cruzaba el puente en medio de la tormenta con un paraguas como escudo únicamente para verte. Como cuando me calaba los huesos aposta para poder sentir algo, aunque fuera el frío que devoraba mi alma lenta y dolorosamente, como cuando sonreía al escuchar una canción de amor. Como los paseos interminables a la luz de las estrellas, como la brisa y el sonido del mar inundando mis oídos...



Supongo que nunca lo sabré.

Hay dos cosas que nunca te dije. La primera es que adoraba la manera en la que me mirabas todas las mañanas, todos los días, incluso podía notar el reflejo de las estrellas en tu mirada, hundiéndose en lo más profundo de mi corazón. La segunda es que odié con todas mis fuerzas como te fijaste en ella, como la tratabas de esa manera tan arrogantemente típica de ti, por mucho que no la miraras de la misma forma que a mí. Y sobre todo, odié la forma en que me hacías quererte con toda mi alma. (o quizás eso fue lo que más me gustó de ti)

Travieso, travieso.

Juraría que he aparcado una parte de mí bajo una piedra, y ha quedado por completo insensibilizada. Yo la llamaba problemas, aunque la mayoría de vosotros la conoceréis como corazón. Solía latir, lenta y ruidosamente los días de tormenta, para después acelerar el ritmo los días de nieve. Retumbaba por las paredes de lo más hondo de mi ser hasta calarme de un humo espeso que, si no me equivoco, era vida. Siempre se me revolucionaba, pero yo estoy más que segura que era simplemente para llamar la atención. Se daba aires de importante.


Night.

Como ella siempre decía, las coincidencias estaban siempre demasiado planificadas. Y con eso también se refería a las mentiras que escondía bajo su piel, ésas que iban revelándose poco a poco hasta resultar insoportables. Por eso se escondía las noches de luna llena, porque sus remordimientos salían a la luz y carcomían su cabeza, a la vez que las estrellas se reían de ella. Cerraba los ojos fuertemente, apretaba los puños y después dejaba que su alma la abandonara, olvidándose de volver. Y era entonces cuando confundía el día con la noche.



En menos de un...

Se te caían los recuerdos entre tanta tristeza, mientras le preguntabas a la lluvia sobre el estado de tu corazón. Un ligero temblor sacudía tu labio inferior, y a cada vez que pestañeabas, el mundo se paraba por un momento. Todavía te recuerdo contando truenos, deseando que la lluvia no perdiera su fuerza (aquélla que te mantenía viva) y esperando al amanecer, impaciente, sin moverte ni un pelo. Desafiabas la gravedad con tu mirada clavada en el vacío de la oscuridad mientras el vértigo se apoderaba del resto de tu cuerpo. Y me quedé sin habla. Me quedé sin habla cuando vi cómo te derrumbabas y te quedabas dormida en menos de un... (segundo)

Otra forma de echarte de menos.

El sueño hacía que mi alma se despegara del cuerpo, precipitándose contra el vacío. El frío me acariciaba lo más hondo del corazón, hasta tal punto que confudía tus ojos con cristal. Los recuerdos no llegaban, se habían vuelto a quedar dormidos. Te esperaba en el comienzo del invierno, más o menos cuando miras hacia cielo negro y empiezan a encenderse las estrellas. Las primeras gotas de lluvia llamaban a mi ventana, pero solo era un desafío del verano, que ya me la tiene jurada. Aún así, el sentimiento de poder volar ni las pesadillas me lo arrebatarán.

Perdido, en pasado.

Dices tonterías y más tonterías los días en los que te pesa el alma, pero nunca le di importancia, nunca pensé que llegarías a intentar romperme. Me pilló desprevenida, y algo despistada, así que todavía no encuentro palabras para definir el daño que me hiciste. No recuerdo a la perfección cuándo empezamos a cambiar, pero sí he echado de menos cada uno de los momentos que dejamos atrás. Cada uno de los instantes que creaban mi todo, haciendo que olvidara la posibilidad de soñar más allá. Segundos atrás queríamos pretender que todo estaba bien, pero la verdad es que se nos fue de las manos.



(Suspiro)


Tus ojos siempre me embrujaban y me recordaban a las interminables noches de verano, ésas que se meten por los huecos de mis huesos y me hacen cosquillas en el corazón. Ahora los recuerdos se balancean en mi organismo y hacen de las suyas, por mucho que yo insista en arrinconarlos y dejarlos allí plantados. La esencia de tu melodía va matando mis horas, va enredando mis palabras, que van perdiendo tanto su sentido como su norte. Me río de los para siempre, me río hasta de las estrellas.

(Creo que me engañaron y ahora se esconden de mí)




Disimuladamente.

Cuento el tiempo que tardas en pestañear mientras el viento te revuelve el pelo. Noto cómo la tormenta se va acercando, sigilosamente rellenando los huecos de mi alma a base de escalofríos. Escucho claramente en mi cabeza todas aquellas palabras que dejé sin decir, ésas que nunca sabrás, ésas que se perdieron en algún lugar de mi corazón. Un asomo de arrepentimiento se cruza por mi camino, pero no son más que ilusiones. Me vuelvo a perder en mis pensamientos, me dejo caer en mí misma.
(Hay veces que se me olvida que no puedo sentir)

Sin fecha de caducidad.

Me anticipo a tus suspiros, te respiro bien hondo. Los días se hacen más cortos parada en mis sueños a medio camino, recitándole al invierno. Últimamente desperdiciamos demasiadas palabras, demasiados sentidos. Y me tiembla el frío muy dentro, se me escapa de las manos cuando me doy la vuelta. Sabes que se me va ablandando el corazón con el paso del tiempo, que se me derriten los pensamientos. Memorizo tus diferencias, de las que no cambian por mucho que lo intentes. De las que no caducan con las hojas.