Curiosos.
martes, 13 de diciembre de 2011
Su mirada me observaba a apenas unos centímetros de mi rostro.
Acaricié y besé cada centímetro de su piel como si quisiera memorizarlo de por vida. No tenía prisa y respondí al tacto de mis manos y mis labios con suaves gemidos que me guiaban. Luego me hizo tenderme sobre el lecho y cubrió mi cuerpo con el suyo hasta que sentí que cada poro me quemaba. Posé mis manos en su espalda y recorrí aquella línea milagrosa que marcaba su columna. Su mirada impenetrable me observaba a apenas unos centímetros de mi rostro.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario