La lluvia vino acompañada de cambios drásticos, sacudidas del corazón y sabor amargo. Rutinas que me van matando poco a poco, cortándome las alas. Días sin sentido, el vacío que deja la soledad. Pero no cambiaría por nada del mundo las nubes de tabaco calándose en el fondo de mis pulmones, tus palabras silenciosas (de ésas que dices con los ojos) y los susurros al atardecer con la lluvia como único testigo. Porque los momentos son pocos, escasos, contados con los dedos de las manos, pero suficientes para que sean la razón por la cual sigo aquí sonriendo.
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