Curiosos.

lunes, 17 de octubre de 2011

(cartas a tu corazón)

Se te veían las intenciones con tan solo mirarte, allí sentado admirando las líneas que surcaban las palmas de tus manos, intentando sacarles algún significado. Tus ojos azules relucían como una noche de estío, por mucho que siguieras estando cabizbajo y el pelo te hiciera cosquillas en la punta de la nariz. Y yo, como una tonta, no podía dejar de soñar lo fácil que sería perderme en aquellos ojos para siempre, en esas constelaciones infinitas que tenías ahí encerradas para no volver a pensar en el miedo que me recorría como un escalofrío. Siempre me gustó verte esperando, vacío, como si te faltara algo de lo que yo te pudiera dar. Y sin embargo, me moría de ganas de volver a hablarte, sonreír y hacer como si no pasara nada, ya que tú te lo tragabas tan fácilmente.


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