Curiosos.

jueves, 5 de abril de 2012

Creo en imposibles

A la primera persona que no crea en imposibles. O a cualquiera de ellas.
El universo más grande es aquel que uno conoce: el propio. Y éste se va formando a partir del nacimiento de pequeñas y nuevas estrellas, que a su debido tiempo van formando galaxias y sistemas. Sin duda, no faltan agujeros negros, pero basta un poco de astucia para poder esquivar a la mayoría. Es mejor dejarlos ahí, absorbiendo todo lo que se deja ser absorbido, sin preocuparse demasiado por ellos. Aún recuerdo cuánto me costó describir cada estrella la primera vez que me propuse vomitar mi universo… 
Pero lo más maravilloso de todo, lo que todavía no puedo creer cierto, es que, realmente, sacarlo todo hacia fuera me haya sido útil. Sí, yo creía que todo eran mentiras, metáforas que utilizaban los poetas y profesores de literatura para animar a que la gente escribiera, pero no. Es todo cierto, cada palabra bien posicionada es una batalla más vencida. Y así, con la suma de pequeñas batallas, es como se termina ganando una guerra. Durante tanto tiempo he jugado a ser una exploradora en mi propio mundo… Durante tanto tiempo me he perdido sin saber si iba a encontrarme… Los senderos más recónditos de mis tierras han sido desvirgados por las plantas de mis pies, recorridos con miedo por ésta cada día menos temerosa aventurera. Y un buen día se terminó el juego. Ya no hay más adivinanzas. Ni un jeroglífico más. He resuelto el misterio de mi vida, o tal vez ha sido él quien me ha resuelto a mí. He descubierto qué es en lo que creo: en imposibles. Porque mi universo ha estado construido, al fin y al cabo, de muchos de ellos.

A la primera persona que crea que lo bonito de la vida es hacer de un imposible una realidad. A esa, justo a esa, dirijo hoy un sincero aplauso.

Mis dedos en tu espalda

Mis dedos en tu espalda son náufragos que buscan tierra sin querer encontrarla realmente. Son labios suaves que susurran a tu piel historias de amor. Son caminantes en su mayor aventura, aventureros que disfrutan del camino. A veces callan, a veces cantan, a veces gritan. Son pétalos que buscan la esencia de tu lomo para hacerse con ella, palabras que recorren las páginas del libro del que una vez huyeron para volverse a imprimir sobre el papel. Mis dedos en tu espalda son músicos que afinan el más dulce instrumento nunca oído, o pinceles de acuarela que retienen e inmortalizan el más hermoso de los paisajes. Son las garras del gemido que anuncia el deseo. O la quietud propia del sueño. Son secretos que nunca han sido revelados, son misterios que pueden estremecerte y evidencias que te erizan el vello. Son mis nervios a la flor de tu piel. Son coplas nostálgicas que en silencio suenan mejor.


Tu espalda en mis dedos es la calma de septiembre, la tabla insumergible de aquel barco que naufragó. Es el aroma de la hierba mojada sobre la que intento esparcir rayos de sol, la serenidad madura que calma mi adrenalina adolescente. Es el silencio que tanto calla y tanto dice. Es el único papel en blanco sobre el que sé con certeza que siempre encontraré la inspiración.